2 de Noviembre - Conmemoración de todos los fieles difuntos
Os dejamos un poco de historia y espiritualidad de la memoria que celebramos hoy, de la mano de D. Jaime Sancho Andreu.
Historia de esta festividad
A finales del siglo X se fundó el monasterio de san Pedro de Cluny, en la Borgoña francesa, con el propósito de que estuviera ligado de forma especial a la Sede de Roma y libre de las dependencias feudales de la época. De este modo pudo tener los mejores abades y ampliar su benéfica influencia a toda la cristiandad; incluso varios de sus monjes llegaron a ser Papas y grandes reformadores de la Iglesia en el comienzo del segundo milenio cristiano, como san Gregorio VII. En aquellos años fundacionales, el gran abad san Odilón de Cluny, en el año 998, mandó a todos los monasterios unidos a su jurisdicción que, en el día siguiente al de la festividad de Todos los Santos, se hiciera memoria de todos los difuntos. En el siglo XIV se incluyó esta celebración en el calendario de la Iglesia romana. En aquel siglo se concedió también a los sacerdotes de España ampliar a tres misas el permiso que se tenía de celebrar dos veces este día. El Papa Benedicto XV conoció esta costumbre durante su permanencia en la nunciatura de Madrid, y extendió este privilegio a todos los sacerdotes de rito romano.
No debe confundirse esta memoria con la fiesta de Todos los Santos, pues en ésta pedimos la intercesión de los glorificados, mientras que el día 2 se pide por los difuntos que están en el periodo de purgación o purificación del resto de pena que sus faltas dejaron en ellos; son los “sufragios” o “ayudas” espirituales que les prestamos, y recordemos que la visita al cementerio del día 1 al 8 de noviembre con la oración por los difuntos, o a cualquier Iglesia en este día 2, rezando allí el Padre nuestro y el Credo, lleva consigo la Indulgencia plenaria aplicable por los difuntos, todo ello teniendo en cuenta las condiciones ordinarias de confesión, comunión y petición por las intenciones del Papa.
El sentido de esta conmemoración
Nos preguntamos qué sentido tiene rezar por los que ya hace mucho tiempo que murieron, o por los que no conocemos, pero hemos de pensar que para Dios todo está siempre presente, de modo que en realidad pedimos por la salvación de las personas en el momento de la muerte, y por el alivio de su estado de purificación, aunque éste ya haya concluido.
Los medios de comunicación nos dan a conocer gran número de muertes, de cristianos o de otras religiones. Deberíamos acostumbrarnos a rezar por todos ellos, para no acostumbrarnos o insensibilizarnos ante tanta desgracia y tantos crímenes y a encomendarlos a la misericordia de Dios con nuestras oraciones.
Jaime Sancho Andreu
A finales del siglo X se fundó el monasterio de san Pedro de Cluny, en la Borgoña francesa, con el propósito de que estuviera ligado de forma especial a la Sede de Roma y libre de las dependencias feudales de la época. De este modo pudo tener los mejores abades y ampliar su benéfica influencia a toda la cristiandad; incluso varios de sus monjes llegaron a ser Papas y grandes reformadores de la Iglesia en el comienzo del segundo milenio cristiano, como san Gregorio VII. En aquellos años fundacionales, el gran abad san Odilón de Cluny, en el año 998, mandó a todos los monasterios unidos a su jurisdicción que, en el día siguiente al de la festividad de Todos los Santos, se hiciera memoria de todos los difuntos. En el siglo XIV se incluyó esta celebración en el calendario de la Iglesia romana. En aquel siglo se concedió también a los sacerdotes de España ampliar a tres misas el permiso que se tenía de celebrar dos veces este día. El Papa Benedicto XV conoció esta costumbre durante su permanencia en la nunciatura de Madrid, y extendió este privilegio a todos los sacerdotes de rito romano.
No debe confundirse esta memoria con la fiesta de Todos los Santos, pues en ésta pedimos la intercesión de los glorificados, mientras que el día 2 se pide por los difuntos que están en el periodo de purgación o purificación del resto de pena que sus faltas dejaron en ellos; son los “sufragios” o “ayudas” espirituales que les prestamos, y recordemos que la visita al cementerio del día 1 al 8 de noviembre con la oración por los difuntos, o a cualquier Iglesia en este día 2, rezando allí el Padre nuestro y el Credo, lleva consigo la Indulgencia plenaria aplicable por los difuntos, todo ello teniendo en cuenta las condiciones ordinarias de confesión, comunión y petición por las intenciones del Papa.
El sentido de esta conmemoración
Nos preguntamos qué sentido tiene rezar por los que ya hace mucho tiempo que murieron, o por los que no conocemos, pero hemos de pensar que para Dios todo está siempre presente, de modo que en realidad pedimos por la salvación de las personas en el momento de la muerte, y por el alivio de su estado de purificación, aunque éste ya haya concluido.
Los medios de comunicación nos dan a conocer gran número de muertes, de cristianos o de otras religiones. Deberíamos acostumbrarnos a rezar por todos ellos, para no acostumbrarnos o insensibilizarnos ante tanta desgracia y tantos crímenes y a encomendarlos a la misericordia de Dios con nuestras oraciones.
Jaime Sancho Andreu

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